2015-02-15 · VI Domingo
VI Domingo Del Tiempo Ordinario
Lecturas: Levítico 13, 1‑2.44‑46; I Corintios 10, 31-11,1; Marcos 1, 40-45 1 ‑ La lepra - Hoy en día, la lepra es una terrible enfermedad, que en la antigüedad fue considerada como la peor por los efectos devastadores sobre el organismo, en cuánto incurable y contagiosa
Si quieres, puedes sanarme - Sí quiero. ¡Queda limpio!
Lecturas: Levítico 13, 1‑2.44‑46; I Corintios 10, 31-11,1; Marcos 1, 40-45
1 ‑ La lepra – Hoy en día, la lepra es una terrible enfermedad, que en la antigüedad fue considerada como la peor por los efectos devastadores sobre el organismo, en cuánto incurable y contagiosa. No le quedaba otra cosa, al pobre infeliz que se enfermaba, que aceptar su destino y la inevitable separación de la sociedad. Es por eso que la lepra es la imagen trágica y emblemática del pecado, que devasta totalmente el espíritu del hombre y lo separa del amor de Dios y de los hermanos.
2 - El pecado – La cultura moderna ha abolido el concepto de pecado como una ofensa a Dios, a sí mismo y a los demás. Una falsa educación a la libertad, entendida como albedrío supremo y como infalibilidad en el actuar, ayuda a sofocar en sus orígenes a la voz de la conciencia, eliminando cualquier relación de dependencia con la ley de la naturaleza. Ahora, dando una escucha no superficial a la razón y examinando la realidad universal de los comportamientos humanos, nos damos fácilmente cuenta del contrario: el hombre no es para nada infalible, más bien a menudo se equivoca con efectos trágicos: el hambre, las enfermedades, la segregación racial, todo tipo de violencias (guerras, drogas, prostitución, torturas, esclavitud), la soledad, el aislamiento, la marginación … He aquí un cuadro suficientemente elocuente del desorden que está dentro del hombre, y que se derrama afuera.
3 ‑ Las causas – Todo el mal puede ser atribuido a dos sentimientos: el orgullo y el egoísmo. Efectivamente, ellos anulan el amor a Dios y al prójimo. En cambio, el amor nos hace a todos hijos de Dios y hermanos del hombre. Quien se ama a sí mismo, odia a los demás y “el que odia a su hermano es un asesino” (San Juan). Cualquier forma de marginación, de discriminación y de división es una ofensa al amor. Ahora, remover estas causas es la condición indispensable para conseguir el perdón de Dios y de los hombres, es decir, para pasar de la muerte a la vida. Se convierte en un leproso delante de Dios quien trata a su hermano como un leproso.
4 - La confesión - Jesús ha “inventado” la confesión para darnos la misericordia del Padre, que cancela los pecados personales y ayuda a vencer las causas de los pecados. A tres condiciones: proponerse cambiar vida, reparar de modo adecuado el daño ocasionado al prójimo, obtener el perdón de un sacerdote. Estas condiciones devuelven todo tipo de garantía a quien ha pecado. La confesión es un verdadero acto de amor, que debe transformar el corazón y la vida: “Tus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho - El amor cubre multitud de pecados ”
5 – Puntos concretos – a) Acercarse regularmente y responsablemente al sacramento de la confesión; b) antes de actuar, escuchar la voz de Dios en la conciencia confrontándola con la Palabra de Dios; c) “Hagan todo para la gloria de Dios” – “No le des a nadie motivo de escándalo” – “Sed imitadores de Cristo” (S. Pablo).