2015-02-08 · V Domingo
V Domingo Del Tiempo Ordinario
Lecturas: Job 7, 1‑5.6‑7; 1Corintios 9, 16‑19.22‑23; Marcos 1, 28‑39 1 ‑ Job - La figura de este hombre se convierte en el símbolo crudo de la condición humana, presa impotente de todas las devastaciones físicas y morales
Jesús sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades
Lecturas: Job 7, 1‑5.6‑7; 1Corintios 9, 16‑19.22‑23; Marcos 1, 28‑39
1 ‑ Job – La figura de este hombre se convierte en el símbolo crudo de la condición humana, presa impotente de todas las devastaciones físicas y morales. Si bien Job es un hombre enfermo en el cuerpo y en el espíritu, gime profundamente y suspira un Salvador. Jesús es el verdadero Job, que tomó sobre sí mismo todas las miserias y los sufrimientos humanos para redimirlos, liberando al hombre. La filosofía de este hombre es autodestructiva: típica de los que ya no cuentan más con Dios ni con los hombres: la vida es un trabajo duro, da sólo meses de ilusión y noches de dolor, pero da el tiempo necesario para ver realizados los proyectos, no promete ni un sólo día de felicidad … Pero el verdadero Job surge desde ese basurero donde yace: no acepta, no se resigna, se siente honesto, se apela a Dios: “Recuerda, oh Dios, que mi vida es un suspiro”. De esta manera, la vida humana se transforma de un tenue suspiro en un “soplo del Espíritu Santo”.
2 - El Médico del hombre – Continúa el espectáculo de Cafarnao, primer teatro que resume la misión de Jesús: “la gente le llevó a Jesús todos los enfermos y endemoniados,de manera que la población entera se estaba congregando a la puerta. Jesús sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades”. ¡Jesús se impone en unos pocos trazos como el único médico que puede curar todas las enfermedades de la inteligencia, del corazón y del cuerpo! Él vino “para los enfermos y no para los sanos”. También Pablo se siente llamado para la misma misión: “Entre los débiles me hice débil, a fin de ganar a los débiles. Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles”. La Iglesia desde ese día se ha convertido en la gran clínica del espíritu, donde Dios opera, a cielo abierto, cualquier operación para curar los males del hombre.
3 – ¡Todos te buscan! – La exclamación de los Apóstoles, dirigida a Jesús, expresa la situación más universal del hombre. También en el origen de la búsqueda de Cristo, hay una ansiedad de redención y de absoluto, que nace del profundo del corazón. ¿Pero cuál es, en fondo, la causa verdadera y profunda de todas las enfermedades, sufrimientos e infelicidades del hombre? Reside en la “divergencia” enorme, que existe entre lo que quiere y lo que realmente obtiene de la vida. La verdadera enfermedad del corazón humano es la de estar hecho para el infinito y se siente prisionero del finito (que tiene fin). En esto tiene origen el sufrimiento verdadero de cada hombre: que está “enfermo de amor” por el infinito, como dice la novia del Cantar de los Cantares. Y San Agustín pone en nuestros labios la oración justa, desde el principio de las Confesiones: “Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (1,1,1).
4 ‑ La medicina – El hombre no será nunca feliz, es decir no estará nunca bien, mientras que pretenda llenar su corazón con bienes finitos: la riqueza, los placeres, el culto del yo y de la propia libertad. La terapia de choque, que ofrece Cristo desde el principio de su vida pública, parte en su lugar: a) de una positiva y radical denegación del propio egoísmo para salir de la propia individualidad y librarse de todo lo que hace esclavo el hombre; b) invita luego a apostar todo al don de sí mismo, el verdadero amor, la verdadera felicidad de la vida. He aquí, en qué términos: “Busquen primeramente el reino de Dios y todas estas cosas les serán añadidas - el que quiera ser el primero deberá ser siervo de todos”.
5 ‑ Puntos concretos – a) Demos un sentido completo y una finalidad de amor a todo lo que hacemos; b) en los momentos de prueba aferrémonos a Cristo, reaccionando desde adentro a todo lo que es negativo; c) acerquémonos a los que sufren o que necesitan ayuda para recibir estímulos positivos; d) aceptémonos a nosotros mismos completamente y construyamos nuestra vida con los valores eternos.