2013-01-20 · Tercer domingo
Tercer domingo del tiempo ordinario
Lecturas: Nehemías 8,8-10; Corintios 12,12-31; Lucas 1,1-4 e 4,14-21
”Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.
Lecturas: Nehemías 8,8-10; Corintios 12,12-31; Lucas 1,1-4 e 4,14-21.
1 - La sinagoga de Nazareth – El hecho ocurrido en la sinagoga de Nazareth, al inicio de la misión de Jesús, nos revela la presencia viva y activa de Dios en medio a sus criaturas. ¡Él habla y obra siempre! Si Cristo es la Palabra de Dios hecha carne, actúa también a través de su alma y cuerpo de hombre. Es siempre Él quien actualiza, para nosotros y para los hombres de cada tiempo, las palabras anunciadas mucho antes por los profetas; es siempre Él que hoy se anuncia a través del ministerio de la Iglesia y de los hechos de la historia. Millones y millones de hombres van a la Iglesia con la esperanza de encontrarse con Jesús vivo, Maestro de la verdad y la vida, encarnado en cada hombre y en cada hecho de la historia.
2 - Creación continua – Cuando Dios habla, desea y realiza. Dijo: ¡Fiat! Y fueron el cielo y la tierra; repitió: ¡Fiat! Y fue la Redención. “El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”. Tus palabras Señor son espíritu y vida”. Aun cuando Jesús hablaba durante su misión terrena, realizaba una nueva creación: los ciegos veían, los endemoniados eran liberados, los muertos resucitaban, los pecadores se convertían… Esta omnipotencia divina de la Palabra de Dios continúa hoy en la vida de la Iglesia: el agua del bautismo lava el pecado original del alma y le concede la vida eterna; el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo; en la confesión, la palabra de perdón, resucita el corazón del hombre a vida nueva. La Palabra única del Padre, el Verbo, es como la sangre que circula y nutre todo el cuerpo de Cristo, la Iglesia.
3 – Los pobres de Dios – Sin dudas son los pobres del tercer mundo, los villeros, los huéspedes de los dormitorios públicos de las grandes ciudades, los drogadictos, los oprimidos por todos los sistemas políticos y económicos, las víctimas de cualquier tipo de arrogancia, los enfermos, los ancianos. Sin embargo, los pobres más pobres son los que el mundo llama ricos, felices y poderosos: los que no tienen ideales ni perspectivas válidas, las víctimas de la fragilidad, la inestabilidad y el mal. Al contrario, los pobres más ricos -porque auténticos- son los pobres de Dios: los que abren el corazón y la mente para recibir y permitir la acción del Verbo, los que confían plenamente en el Señor, los que saben donar toda su vida.
4 – Instrumentos de Dios – Cristo actúa dentro nuestro y nos transforma en Él. Cada día de nuestra vida es el hoy de Dios, en el que hace lo que desea, es allí que nos convertimos en los instrumentos de Dios que dócilmente viven y realizan la Palabra de Dios. Escuchemos a Agustín: “Nada hay, pues, en tu Verbo que ceda o suceda, porque es verdaderamente inmortal y eterno. Y así en tu Verbo, co-eterno a ti, dices a un tiempo y sempiternamente todas las cosas que dices, y se hace cuanto dices que sea hecho; ni las haces de otro modo que diciéndolo”. (Las Confesiones 11,7,9).
5 - Puntos concretos - a) Profundicemos cada día la experiencia personal e íntima con Cristo, recibiéndolo como Palabra que obra dentro nuestro a través de la oración, los sacramentos, la vida de la conciencia, el uso de la libertad, b) en la vida cotidiana expresemos la Palabra de Dios, aceptada interiormente como guía, c) delante a casos desesperados, en los que el hombre se encuentra impotente, confiemos nuestra salvación a Cristo.