Santuario della Madonnetta

2013-01-13 · Segundo domingo

Segundo domingo del tiempo ordinario

Lecturas: Isaías 62,1-5; 1° Corintios 12,4-11; Juan 2,1-11

Nadie te llamará más Abandonada, te llamarán “Desposada”

Lecturas: Isaías 62,1-5; 1° Corintios 12,4-11; Juan 2,1-11.

1 – Agua y vino – El milagro de las bodas de Caná es mucho más que un milagro de la bondad del Señor que de esta manera revela por primera vez su divinidad. Jesús está presente en el  matrimonio de un hombre y de una mujer para revelar un misterio maravilloso: el matrimonio entre Dios y sus criaturas. Leemos en Isaías: “Como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposa por su novia se gozará por ti tu Dios”. Y San Agustín dice: El Verbo es el esposo y la carne humana la esposa: el vientre de la Virgen María es el lecho donde Él se convierte en el jefe de la Iglesia (Comentario al Evangelio de Juan 8,4). En el milagro de Jesús la naturaleza humana está representada por el agua; la naturaleza divina por el vino: efectivamente el amor divino asume y transfigura el amor humano.

2 – Todos estamos casados – De esta manera el matrimonio natural se convierte en sacramento, es decir el signo de una realidad divina mucho más grande: las bodas entre Dios y el hombre. Muchas veces en el Antiguo Testamento, Dios se presenta como el Esposo del pueblo de Israel, para indicar que el hombre está invitado  a una íntima y perfecta comunión de vida con Él: “Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas” Lamentablemente el pobre catecismo de nuestra infancia, no es capaz de darnos una visión clara de esta maravillosa realidad de la vida cristiana: en el mejor de los casos nos sentimos hijos de Dios y hermanos entre nosotros, pero no cónyuges de Dios y madre de los hombres. Preguntémonos si nuestra forma de vida cristiana nos enamora de Dios y si consideramos a Dios  como el esposo de nuestros corazones, como la persona más amada y más querida de nuestras vidas.

3 –¿Y los otros? – Aquí también se aplicará la misma norma: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Casarse con todas las criaturas….¡qué palabras! Sin embargo, Jesús, antes de morir ora al Padre así: “Que todos sean uno, como tú Padre estás en mi y yo en ti”. La Iglesia debe ser desde ahora lo que será el mundo al fin de los tiempos. Ésto es vivir la realidad del bautismo: sentirnos todos los días casados con el amor de Dios y de la humanidad. Si los niños y jóvenes crecerán  con esta profunda convicción, sabrán donar su propia vida por el matrimonio y por causas mayores.

4 – Puntos concretos - a) Llegó la hora  de tomar en cuenta el tema  del amor conyugal abierto a todos, no sólo reservado a una “elite” de santos y consagrados, b) vivimos en una época donde tenemos hambre y sed de amor verdadero, de comprensión, de compañía… Sentirnos cobijados por el amor de Dios significa vencer definitivamente la soledad, el drama de concentrarnos sólo sobre nosotros mismos o vagar sin meta en esta tierra, c) no tenemos que “servirnos” del Señor sólo en los momentos de dificultad; no es suficiente sólo la confesión ni la comunión una vez por año: cada instante del día tiene que estar lleno de Dios en un “sí” fiel y sin cálculos, d) consideremos a los demás como a nuestros seres queridos, rezando siempre por todos y trabajando para el bien común.