2013-05-19 · Solemnidad de Pentecostés
Solemnidad de Pentecostés
Lecturas: Hechos 2,1‑11; Corintios 12...12‑13; Juan 20,19‑23
Todos somos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo
Lecturas: Hechos 2,1‑11; Corintios 12…12‑13; Juan 20,19‑23.
1 – El don y los dones – La Iglesia hoy invoca así al Espíritu Santo: “Ven dador de dones, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”. El Espíritu Santo es todo el Amor del Padre y del Hijo, que se donan mutuamente y que se nos dona. En este don están encerrados, como en una fuente inagotable, todas las gracias, los carismas específicos, las ayudas especiales que el Amor de Dios derrama diariamente en el espíritu de los hombres y en toda la realidad creada. Pero hay algunos momentos pentecostales, en los cuales su efusión ha sido y será extraordinaria: a) desde los albores de la creación, el Espíritu Santo soplaba sobre las aguas infundiendo la vida; b) María concibió a Jesús en el vientre, por obra del Espíritu Santo; c) Jesús muriendo en la cruz y resucitando ha derramado el Espíritu Santo de la redención y de la resurrección; d) en el día de Pentecostés nació la Iglesia, la nueva humanidad transformada en la familia de Dios; e) al final de la vida humana recibiremos la última e inmensa efusión, que nos hará dignos de la visión beatífica.
2 – El Amor lo es todo – El corazón humano está hecho para amar lo infinito: su continuo deseo le es tormento y deleite de lo absoluto, o sea del Paraíso. Si ama, quema; si no ama, tiene sed. San Agustín traduce así éste anhelo de poder impotente: “¿Qué estás buscando fuera de lo que tú eres, si está en tu poder ser lo que buscas?” (Comentario al Salmo 41, 1). Pero también hay un amor falso que incinera los valores más bellos del hombre y de la vida: es el fuego del egoísmo. En cambio el Espíritu Santo es el verdadero amor que purifica, renueva, nutre el corazón humano hasta la perfección total y a la dicha infinita. En el amor de Dios también está comprendido el amor por sí mismo y el amor por los demás.
3 –Desde el perdón hasta el coraje – En el día de Pascua Jesús, donando el Espíritu Santo a los apóstoles, les da el poder de conceder el perdón de Dios a los hombres, y por lo tanto, dá a cada uno la fortaleza para perdonar las ofensas, para olvidar, para vivir en pacífica armonia. En el día de Pentecostés, el Espíritu, que es la vida ardiente de cada alma, se convierte en fuerza de convicción, decisión luminosa, coraje, iniciativa para que cada hombre y cada cristiano puedan afrontar la vida y el mundo con entusiasmo y optimismo.
4 – Los siete dones – Son también otras manifestaciones del Espíritu Santo: a) sabiduría (el gusto por las cosas bellas y buenas), b) intelecto (la capacidad de conocer los dones de Dios agradecer), c) consejo (escuchar las sugerencias de Dios en la conciencia para poder dar buenos consejos a los demás), d) fortaleza (fuerza de voluntad para vencer el mal y hacer el bien), e) ciencia (conocer y amar la voluntad de Dios), f) piedad (sentirnos hijos de Dios y y padres y madres de los hombres), g) temor de Dios (evitar todo lo que desagrada a Dios, honrando el carácter sagrado de nuestro espíritu).
5 - Puntos concretos – Todavía nos sentimos demasiado “pobres” de amor y solidariedad con todos aquellos que (y son muchos) se declaran insatisfechos, decepcionados, cansados. El “pleno sentido ” de nuestras acciones lo da sólo Él el Espíritu Santo: “Consolador perfecto, dulce huésped de mi alma, sin tu fuerza nada es en el hombre, nada sin culpa”. Somos un sólo cuerpo en la medida en que logramos ser un sólo Espíritu, unidos por este Amor: he aquí la nueva realidad que el mundo espera de los creyentes.