Santuario della Madonnetta

2013-03-24 · Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Lecturas: Isías 50,4‑7; Filipenses 2,6‑11; Lucas 22,14‑23,56

Gloria a ti que vienes, lleno de bondad y de misericordia!

Lecturas: Isías 50,4‑7; Filipenses 2,6‑11; Lucas 22,14‑23,56.

1 ‑ La clave de lectura - Hoy Jesús nos dice quien es Él y lo que piensa sobre la vida. Sus palabras son màs solemnes e indicativas porque las pronuncia por última vez en la inminencia de su pasión y muerte. Él está plenamente consciente que afirma una verdad absolutamente fuera del alcance humano, por lo tanto introduce su discurso invitándonos a observar la ley fundamental del comportamiento de la creación: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida la pierde y el que odia su vida en este mundo la guardará para una vida eterna. Si alguno me quiere servir, tome su cruz y me siga” (Jn 12,24). Esta palabra expresa perfectamente la naturaleza de la vida según Dios y por qué Dios nos la dio. Es solamente un don de Dios, no propiedad privada y exclusiva de cada uno; por lo tanto, como tal, es de todos y tiene que ser ofrecida a todos: PERDERSE, o sea, “darse por”, es decir brindarse por amor a los demás. La opiniòn contraria, la del mundo, sostiene que la vida es un TOMARSE, amar egoístamente sin dar nada a los otros. Ahora, si aceptamos este principio, aceptamos todo el Evangelio; si lo rechazamos, rechazamos todo el Evangelio. Pero esta es la única forma de salvación! Aquí reside el verdadero desafío del cristianismo y la cultura del mundo, que se juega desde hace dos mil años. ¿A quién da razón la historia?.  

2 - El hombre del “perderse” - Jesús es el modelo perfecto ya que vive y muere ofreciéndose totalmente: Él es el único sacrificio de la creación, es en todo y por todo el hombre para los demás. De esta manera nos enseña còmo vivir. La “pasiòn” de Cristo es toda su vida consumada hasta la última gota de sangre. He aquí por qué el sacrificio eucarístico se llamó misa: Cristo “mete”, ofrece su vida para la redención de la humanidad. Del mismo modo, la vida de cada hombre es realmente vivida si se convierte en una única gran misa: sacrificio total de amor. He aquí el secreto misterioso y la estupenda lógica de esta visión de la vida, que exalta justamente la libertad humana como principio de amor y de comuniòn: aquel que más da, más recibe.

3 - Por quien murió Jesús ‑ Vino por nosotros que habíamos perdido la verdadera vida, el amor de Dios, y murió para que volviésemos al amor hacia Dios y entre nosotros. Estábamos como muertos, e incapaces de acercarnos a la vida, por esto Cristo “ha querido” morir para todos. Sin Él no podríamos esperar el perdón y la salvación: “Solemne y maravillosa declaración, que nos dice cómo la salvaciòn o la condena del hombre depende del amor o del odio que uno lleva en su alma… Si amas en modo equivocado, odias; si odias en el sentido bueno, amas. Bienaventurados los que saben odiar su alma para salvarla, evitando, por un malentendido amor , de perderla”. (Comentario Ev.Jn. 51,10).

4 - Desde el domingo de Palmas hasta el Sábado santo - El triunfo de Jesús es la fiesta humilde, simple y pacífica del amor humano, en gratitud a Su salvador. ¿Un triunfo demostrado sólo por cinco minutos o para siempre con una vida digna y rica de obras buenas?. En el jueves santo, durante la ùltima cena pascual, Jesús lava los pies de los apóstoles para recordarnos que “debemos lavarnos los pies recíprocamente”, o sea, debemos servirnos con humildad, amor y perdonándonos mutuamente. Luego se dona literalmente para comerlo en la Eucaristía: el grano, perdiéndose en el sacrificio supremo de sí, volviéndose pan de vida para el mundo. En el viernes santo, desde lo alto de la cruz, Cristo perdona a todos los hombres, grita su perenne “tengo sed de amor”, nos da a su Madre , y sella su pasiòn con el “todo se ha cumplido”. Habìa derramado hasta las ùltimas gotas de sangre: no tenìa nada más que dar!. En el sepulcro, con Cristo, termina para siempre un modo errado de vida, fruto del pecado, y surge uno nuevo. En ese sepulcro florece la nueva esperanza. La Pascua cristiana tiene que indicar este pasaje de una vida “no perdida” a una vida “perdida” a la manera de Cristo.