2013-09-01 · Solemnidad de la SS
Solemnidad de la SS. Trinidat
Lecturas: Proverbios 8,22 31; Romanos 5,1 5; Juan 16,12 15
Todo lo que posee el Padre es mío. El Espíritu tomará de lo mío y os los anunciará.
Lecturas: Proverbios 8,22 31; Romanos 5,1 5; Juan 16,12 15.
1 - Un prejuicio – Muchos piensan en la Trinidad como un dogma impenetrable o, peor aún, como un tabú del que es mejor no hablar. ¡Existe y basta! Nada puede ser más absurdo. ¿Qué podría ser más fácil de entender y más hermoso que un DIOS-FAMILIA? Es claro que este término se aplica a la Trinidad con todas las debidas distinciones, pero tenemos que darnos cuenta que fuimos creados a su imagen y semejanza. La Trinidad es justamente esto: un PAPÁ (el Padre), un HIJO (el Verbo), un ESPOSO (el Espíritu Santo) que se aman con un único, idéntico y perfecto amor. Son tres que se aman, ¡pero con un solo amor!
2 – El peso de la verdad – Jesús dice a los apóstoles en la última cena, refiriéndose a la Trinidad: “Mucho tengo todavía que decirles, pero por ahora no pueden con ello”. Este peso de la verdad, no es más que la forma de vida de Dios. En la Trinidad, cada Persona individual toma de las Otras (“tomará de lo mío y os lo anunciará”) porque todo es en común. Podría decirse que están una dentro de la otra porque comparten la misma naturaleza, pero con la clara relación de amor entre ellos. ¡Qué diferencia abismal con nuestra forma de vida! Es tan difícil lograr “integrarnos” a la perfección con los demás; nos contentamos con llevarnos bien, no pelear… A veces nos rechazamos para refugiarnos en nuestra “privacy”, por lo que somos prisioneros de la soledad. Este es el milagro continuo del Espíritu Santo: nos conduce fuera de nosotros mismos para entrar dentro de nosotros toda la realidad.
3 – En el corazón de Dios – El cristiano está llamado a vivir su vida en el corazón de la Trinidad como un niño dentro de la madre. “Hemos obtenido –dice San Pablo- acceder a esta gracia, en la que cual estamos firmes y nos glorificamos, en la esperanza de la gloria de Dios… porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones”. Este es el objetivo: ser uno con Dios y llevar “el estilo” de la vida trinitaria por el mundo: familia, barrio, parroquia, lugar de trabajo, ciudad… Y es por eso, que ya San Cipriano, obispo y mártir de Cartago, define trinitariamente la Iglesia: “Pueblo unificado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo - Plebs adunata de unitate Patris et Filii et Spiritus Sancti’.
4 – La semejanza trinitaria – “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Es el magnífico texto de la Génesis, que presenta el acto divino de la creación del hombre. La naturaleza del hombre está hecha a imagen de la naturaleza de Dios, la persona humana está hecha a semejanza de las tres personas divinas. Y, en efecto, el espíritu humano revela en su ser y en su funcionamiento, una maravillosa estructura trinitaria. Es la gran intuición de San Agustín: “Me gustaría invitar a la gente a reflexionar sobre tres cosas que están presentes en ellos mismos. Me refiero a la existencia, al conocimiento y a la voluntad humana. Yo existo, conozco y quiero; existo sabiendo y queriendo, sé que existo y quiero; quiero existir y saber. Como es inseparable la vida en estas tres facultades y son una única vida, una única inteligencia y una única esencia, y como no se puede establecer esta diferencia, que sin embargo existe, que lo vea quien lo pueda ver. Cada uno está delante a sí mismo, mire y me responda” (Confesiones 13,11, 12).
5 – El bautismo – Hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo que era sólo una imagen de la creación, se convierte en realidad en la Redención. Entonces, creer realmente en la Trinidad no significa solamente creer que existe un Dios Trinidad, pero que cada uno es partícipe de la misma vida trinitaria; por lo tanto, de alguna manera está llamado a vivir como vive la Trinidad. ¡Tiene que sumergirse en el misterio! Tal vez el “camino” más simple es el de rezar, uniéndonos al diálogo de amor de los Tres. Preguntémonos: ¿Qué se dirán en este preciso momento aquellos Tres? Así, ya estamos entrando, en puntas de pie, en la intimidad de la Trinidad.