Santuario della Madonnetta

2013-05-05 · Sexto Domingo

Sexto Domingo de Pascua

Lecturas: Hechos 15, 22 29; Apocalipsis 21, 22 23; Juan 14, 23 29

Les dejo la paz, mi paz les doy. No se turbe vuestro corazón. Me voy y volveré a vosotros.

Lecturas: Hechos 15, 22 29; Apocalipsis 21, 22 23; Juan 14, 23 29.

1 – Los hechos de Dios – Estas palabras de Jesús, pronunciadas en la última cena, pueden ser referidas tanto a su inminente muerte y resurrección, ya sea a su ascensión que culmina en la pentecostés, ya sea a nuestra vida que es una larga espera del regreso de Jesús, ya sea al momento histórico que estamos viviendo, tan lleno de signos premonitorios, en los que parece inminente la llegada extraordinaria del Señor. La paz es la suma de todos los bienes fundamentales de la vida: la humildad, la verdad, la unidad; que los incluye, los guarda y los hace activos.

2 – No se turbe vuestro corazón – Jesús recomienda a los apóstoles, y también a nosotros, de no perder nunca la calma y la serenidad: ¡Él está siempre con nosotros! Y en tiempos de prueba, aún más. Los que tienen fe firme, en esta certeza hallan una respuesta superior a todos los motivos de inquietud. Jesús también nos indica la manera para sentirlo presente: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él”.

3 – Les dejo mi paz – La paz que Jesús nos deja, es el resultado del amor de Dios por nosotros y del nuestro por Él: naturalmente todo es gracia de Dios. Una paz muy diferente de la vida cómoda, del contentarse consigo mismo, del “escapar” descargando las propias responsabilidades: los únicos expedientes que el mundo recomienda a los ingenuos y a los especuladores. La verdadera paz viene de una conciencia tranquila, que se puede mirar sin enrojecer porque ha respetado los “pactos” con Dios, con unoamigo te necesito mas que nunca me echaron del guada mi vieja me quiere mandar a un publico el liceo cuantos 4tos tiene? quiero ir con vos mismo y con los demás hasta el final.

4 - Construir la paz – Donde el hombre sufre y sucumbe, donde hay una necesidad, donde hay soledad… falta la paz. Paz significa estima, respeto, equilibrio hacia sí mismo y hacia los demás, amor y solidaridad, esperanza y seguridad de vida. El cristiano, lleno de fe y esperanza en la ayuda divina, está llamado a construir la paz confortando y consolando a todos. Agustín así la describe: “La paz del alma y del cuerpo es el acuerdo ordenado entre pensamiento, acción y apetencias. La paz del hombre mortal con Dios es la obediencia ordenada según la fe, bajo la ley eterna. La paz entre los hombres es la concordia bien ordenada. La paz doméstica es la concordia bien ordenada del mandar y obedecer. La paz de la ciudad celeste es la sociedad perfectamente ordenada y perfectamente armoniosa en el gozar de Dios y en el mutuo gozo en Dios. La paz de todas las cosas es la tranquilidad del orden. Y el orden es la distribución de los seres iguales y diversos, asignándole a cada uno su lugar.” (Ciudad de Dios 19, 13, 1).

5 – Puntos concretos – El objetivo fundamental del hombre es el de poner al seguro su vida. Ahora bien, sólo en la estabilidad de la eternidad se puede hablar de posesión pacífica y definitiva. Por lo tanto hay que adherir en todo y siempre al Señor, poniendo nuestras vidas en sus manos. No hay términos medios ni alternativas. Sólo en este punto se alcanza la paz del corazón, liberándonos de toda forma de inseguridad y de miedo. El miedo es la fuga del alma, mientras que el deseo es el impulso del alma hacia su objetivo.