Santuario della Madonnetta

2013-06-23 · Duodécimo Domingo

Duodécimo Domingo del tiempo ordinario

Lecturas: Zacarías 12, 10-11; Gálatas 3, 26-29; Lucas 9, 18-24

El que quiera salvar su vida la perderà, pero quien pierda su vida pormi causa la salverà

Lecturas: Zacarías 12, 10-11; Gálatas 3, 26-29; Lucas 9, 18-24.

1 - ¿Qué es la vida? – El tema fundamental del Evangelio, la “buena noticia”, es la definición de la vida humana. Cristo nos revela la verdadera naturaleza de la vida y porqué Dios nos la dio. Él nos propone con una paradoja muy eficaz el nuevo y verdadero modo de concebir la vida, y nos ofrece un ejemplo inalcanzable son su vida. Aceptar este “principio” significa también aceptar las decisiones radicales que Él propone a los hombres que quieran salvarse.

2 - Perderse - El mundo nos dice: ¡“Toma tu vida, es tuya, úsala toda para ti”! Cristo rebate: “La vida es un don de Dios, no es tu propiedad privada y exclusiva: pertenece a todos, ofrécela a todos”! Son dos conceptos diametralmente opuestos: ¿TOMARSE O PERDERSE? La respuesta de Cristo no da lugar a dudas: “El que quiera salvar su vida (es decir su propia piel) la perderá”. ¿Quién tiene razón, Cristo o el mundo?

3 - La verificación – La experiencia cotidiana confirma que sólo “perdiéndonos” salvamos nuestras vidas, es decir: la utilizamos al máximo. Quien no se sacrifica, quien no paga de persona, quien no “da el primer paso” no consigue nada; si queremos recibir de los demás, primero debemos dar. Está en la naturaleza misma del amor y de la vida, es amar el donarnos, precisamente perdernos para los demás. Incluso Agustín se vio obligado a admitir: “No logro explicarme porque quien se pierde se realiza, y quien no se pierde se arruina. Si amas mal, entonces te odias; si odias en el sentido bueno, entonces amas” (Comentarios Evangelio San Juan 51, 10).

4 - Cristo: el hombre del perderse – Esta es la respuesta lógica a la pregunta que Él hace a los apóstoles: ¿“Quién dice la gente que soy yo”? Él es el hombre para los demás, el hombre de todos, que vino a servir, hasta morir en la cruz con la donación de toda su sangre. Después de lo que ha predicó durante toda su vida, no sabríamos entender un Cristo que muere en un lecho de muerte natural. Poco antes de su muerte ofrece el perdón a todos los hombres - que es la forma extrema del perderse- y consigna su vida al Padre diciendo: “Todo está consumido”, para decirnos que el don total de sí mismo se completó, que no había nada más que dar. También a nosotros nos recomienda hacer lo mismo: “El que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. A partir de este momento, la “cruz” de Jesús representa la entrega total de la propia vida para la salvación de todos.

5 - En concreto – Todo el Evangelio se puede considerar como la ejemplificación del principio del “perderse”; no se puede entender ni mucho menos aceptar, si no se acepta este punto de inicio: el discurso de las bienaventuranzas, del perdón cristiano, de la renuncia a la propia voluntad, a la familia, a los bienes.. serían una ridícula utopía. ¡Es por esto que la mentalidad del mundo rechaza la formulación evangélica de la vida!

6 – Primeros últimos, últimos primeros – Sería trágico morir con el pesar de haber desperdiciado la existencia. El problema de todos es sólo este: donar hasta el final toda la propia vida porque es inútil, desperdiciada, si no se consume por amor de todos. He aquí el motivo del porqué los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros. Efectivamente, en la vida divina los primeros, o sea los que han ignorado la existencia de los otros, estarán al último lugar, mientras que los últimos, o sea aquellos que se ponen a completa disposición de los demás, serán los primeros. Precisamente porque, en la medida que uno se pierde, se realiza para la eternidad. Desde esta perspectiva, se comprende toda la gama de opciones humanas: ¡desde los drogadictos hasta los misioneros!