2013-07-14 · Décimoquinto Domingo
Décimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario
Lecturas: Deuteronomio 30, 10 14; Colosenses 1, 15 20; Lucas 10, 25 37
¿Quién es mi prójimo? El que tuvo compasión de él
Lecturas: Deuteronomio 30, 10 14; Colosenses 1, 15 20; Lucas 10, 25 37.
1 – Un mandamiento nuevo – El Deuteronomio es el libro del Antiguo Testamento que contiene la fórmula oficial de la Ley divina , esculpida en el corazón del hombre desde su nacimiento y revelada por Dios mismo a Moisés para reafirmar su voluntad absoluta: “Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón. Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús en la última Cena ha redefinido este mandamiento en un nuevo modo y más elevado: “Que nos amemos todos como él nos amó”.
2 – Mi prójimo - La parábola del buen samaritano explica muy claramente quién es “mi” prójimo en concreto. Todo el mundo, sin dudas, es mi prójimo: no existen ni judíos ni samaritanos, ni ateos ni creyentes, ni buenos ni malos, ni ricos ni pobres, ni simpáticos ni antipáticos, ni amigos ni enemigos! Aún más: ¡mi prójimo es quien se compadeció de mí y me auxilió cuando necesitaba ayuda!
3 - El buen Samaritano – Es justamente Él: Jesús en persona, que se hizo hombre para tomar sobre sí nuestros innumerables sufrimientos y pobrezas, que nos levanta continuamente de nuestras caídas y nos devuelve la verdadera salud de la vida de Dios: “Quiso Dios – dice San Pablo- reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz”
4 – El camino a Jericó – Es el camino de la vida, recorrido en todas las direcciones por todos los hombres. Muchas veces el más fuerte vence al más débil, o bien el más fuerte socorre al más débil. Si está en nosotros el verdadero amor de Dios, que es Cristo, siempre hay un buen samaritano, capaz de olvidar sus propios intereses para ayudar a quien lo necesite. La historia del mundo, desde Abel al día de hoy, es la parábola ininterrumpida del buen samaritano o del samaritano malo. Pero , con esta parábola , Jesús nos quiere dar también otra lección: muchas veces quien te ayuda es aquel al que consideramos diferente, inferior, enemigo. Así eran considerados los samaritanos por los hebreos observantes. Tal vez Dios quiso esconderse en el samaritano porque nosotros, a veces, lo consideramos como a un extraño, como un perturbador de nuestra tranquilidad espiritual…
5 - La respuesta concreta – Nos la da el Evangelio: “Ve, y procede tú de la misma manera”. Hoy no podemos decir que aplicamos hasta el final esta parábola. Demasiados van directamente por su camino, desinteresándose por los que tienen problemas y no saben dónde acudir: los ejemplos están delante a los ojos de todos, en estos tiempos de grave crisis… Nuestro cristianismo estará medido por la parábola del buen samaritano, que todos habrían inventado, porque todos alguna vez han probado lo que quiere decir no tener cerca a nadie en momentos de necesidad!