2013-08-04 · Décimoctavo Domingo
Décimoctavo Domingo Del Tiempo Ordinario
Lecturas: Eclesiastés 1,...21 23; Colosenses 3,..11; Lucas 12, 13 21
Busquen las cosas de arriba, donde está Cristo
Lecturas: Eclesiastés 1,…21 23; Colosenses 3,..11; Lucas 12, 13 21.
1 - ¡Vanidad de vanidades! – El antiguo sabio de Israel plantea la pregunta: ¿Qué provecho hay para el hombre de toda su fatiga? Y razona así como buen pragmático: “Si todos los días pasan entre la fatiga y los problemas continuos, si lo que ha acumulado lo deberá dejar a los demás, entonces todo es vanidad y desventura”. En otras palabras: ¡no vale la pena vivir por el dinero! Es el espíritu típico de los que viven única y exclusivamente para las cosas de la tierra, sin una perspectiva ultra terrena.
2 - Busquen las cosas de arriba – La invitación de Pablo, el Cohelet del Nuevo Testamento, se expresa en términos drásticos y muy diferentes: “ Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios; aspirad a las cosas de arriba y no a las de la tierra. Porque han muerto, y vuestra vida está ocultada con Cristo en Dios”! Este es un hombre nuevo “que se renueva, para un pleno conocimiento, a imagen de su Creador”. La conclusión es obvia: “ Mortifiquen esa parte de ustedes que pertenece a la tierra: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y esa insaciable avaricia que es idolatría”. Existe, pues, una ética que nace de una visión puramente terrenistica, y otra que nace de una visión de las cosas celestiales y eternas.
¡Atención! - La parábola del Evangelio recoge el razonamiento del hombre “necio”, que piensa sólo en aumentar sus ganancias y gozar en la tierra, sin ningún verdadero ideal en los valores eternos. No reflexiona, sobretodo, en el hecho de la muerte y con lo que puede seguirle: el juicio de Dios sobre su existencia, el premio celestial o la condenación eterna… Jesús nos advierte sin descuentos: “Miren y guárdense de todo tipo de codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por medio de sus bienes”. El sentido del texto evangélico no es el de desalentar o desmotivar la vida, pero es el de impostar nuestro estilo de vida, en manera completamente diferente y realmente motivada: “Así es de quien acumula tesoros para sí, y no se enriquece ante Dios”.
4 - La muerte – Para muchos sigue siendo un tema-tabú, del cual está absolutamente prohibido hablar. Sin embargo, ¡la muerte existe! Entonces sería mejor hablarlo en una perspectiva positiva y, sobretodo, cristiana. He aquí algunos puntos de referencia. La muerte es totalmente inevitable y es el hecho más importante de la vida; no es el fin de la vida pero el comienzo de la vida eterna. La muerte es el momento culminante y definitivo, que coincide con el juicio divino de la vida de cada persona. Ella es una dulce y sabia hermana, que nos acompaña y conforta en los momentos difíciles de la vida, dando pleno sentido a las acciones individuales en el presente y para el futuro. Efectivamente, nos preparamos a afrontar, no el juicio de los hombres más bien, al infinitamente justo y misericordioso de Dios. “En nuestra buena voluntad – dice San Agustín- está nuestra paz”.
5 – No se puede entender la vida si no delante de la muerte - De hecho, sólo hay una vida y no podemos darnos el lujo de tirarla a la basura , en parte o en su totalidad. El pensamiento sereno de la muerte nos “obliga” a utilizar de la mejor manera el tiempo que tenemos a nuestra disposición y los dones que nos ha dado el Señor. Entonces, vivamos como si esta misma noche nuestra vida terminara”! No se puede vivir bien, ignorando la muerte, pero teniéndola siempre presente.